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sábado, 15 de diciembre de 2018

¿PARA QUÉ VINO DIOS A LA TIERRA?

Sentido divino del andar terreno de Jesús

 

Al escuchar en la Liturgia de la Palabra los textos del tercer domingo de Adviento, esta vez ciclo C, crece la esperanza y oímos que piden esforzarse algo para entender para qué viene el Redentor, el Mesías, el Salvador. Sofonías dice: “¡Lanza gritos de gozo, hija de Sión, lanza clamores, Israel, alégrate y exulta de todo corazón, hija de Jerusalén! (…) Aquel día se dirá a Jerusalén: ¡No tengas miedo, Sión (…) Yahveh tu Dios está en medio de ti, ¡un poderoso salvador!” (Sofon 3, 14-18). Sofonías profetizó en tiempos del rey Josías (640-605 aC). Es una esperanza alegre que incluso hace cantar a Yahveh: “El exulta de gozo por ti, te renueva por su amor; danza por ti con gritos de júbilo, como en los días de fiesta” (ibid). San Pablo pedía a l@s primer@s cristian@s “que vuestra comprensión (o sea, vuestro entender) sea patente a todos los hombres. El Señor está cerca. No os preocupéis por nada” (Phil 4, 4-7).

Dentro de ese esfuerzo personal por entender aparece la pregunta obvia: ¿por nada? ¿estar mano sobre mano? Del Evangelio escuchamos o leemos que “las muchedumbres le preguntaban (a Juan Bautista), así como también los soldados, los publicanos y demás: “Entonces, qué debemos hacer? El les contestaba: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene alimentos, haga otro tanto” (Lc 3, 10-18). No dice que hay que ir a Misa, hay que rezar rosarios, hay que hacer novenas… no promulga preceptos aunque sean muy bonitos pues no confunde los medios con los fines. Rezar al igual que comer y respirar son medios necesarios pero medios para alcanzar el fin. La finalidad es estar en lo posible bien sanos de cuerpo y alma, y así servir mejor a los demás.

Juan conoce y entiende el sentido divino del andar terreno de su primo Jesús de Nazaret, el Mesías, el Esperado, el Salvador, Dios hecho hombre. Dice Ireneo que “el Señor vino y se manifestó en una verdadera condición humana que lo sostenía, siendo a su vez ésta su humanidad sostenida por él”.

Cada año también al esperar su venida celebrando Navidad, nos planteamos: ¿para qué vino? ¿qué esperaban los judíos? ¿qué espero yo de él? ¿Qué es eso de la redención del mundo o de la salvación de los hombres? “No vino a aniquilar al hombre” ha recordado Francisco (Catequesis 12-XII-2018) y añade que “Jesús no quiere que nuestra oración sea una evasión. Una oración que nos hace pedir lo que es esencial, como «el pan de cada día», porque, como nos enseña Jesús, la oración no es algo separado de la vida”.

Adviento es un tiempo litúrgico muy mariano y ayuda a mirar a María, madre de Dios y madre nuestra y aprender de ella a meditar con el corazón (no solo con la razón) lo visto y oído en la vida de Jesús aunque estos días adventicios el niño Dios no habla pues está aún en el vientre de su madre.

Cuenta Lucas que le preguntan al Bautista las muchedumbres, los publicanos, los soldados: ¿Qué hemos de hacer? (cf Lc 3, 10-18). El Concilio Vaticano II, como en su día decía el Bautista, explica lo que hay que hacer y Juan Pablo II lo recordaba animando a “«formar» una espiritualidad del trabajo que ayude a todos los hombres a acercarse a Dios, Creador y Redentor, participando en los planes salvíficos, asumiendo la participación en la triple misión de Cristo Sacerdote, Profeta y Rey, tal como enseña el Concilio Vaticano II (…) El trabajo es la dimensión fundamental de la existencia humana (…) Es el centro mismo de la llamada «cuestión social»” (Laborens exercens). Con ello se tiene en cuenta el desempleo, la remuneración, los migrantes, los discapacitados, etc.

El 5 de enero de 1964, desde Nazareth, Paulo VI exhortaba a aprender la lección del trabajo, la conciencia de su dignidad. Y señalaba "al gran modelo, al hermano divino, al defensor de todas las causas justas, es decir: a Cristo, Nuestro Señor", el hijo del carpintero, como era conocido Jesús.

El Compendio del CEC (n. 259) dice: «En su predicación, Jesús enseña a apreciar el trabajo. Él mismo “se hizo semejante a nosotros en todo, dedicó la mayor parte de los años de su vida terrena al trabajo manual junto al banco del carpintero”, en el taller de José (cf. Mt 13, 55; Mc 6, 3)».  El CELAM de 2007 que inauguró Benedicto XVI redactó el “Documento de Aparecida” que dice (nn. 120-122) que "en la belleza de la creación, que es obra de sus manos, resplandece el sentido del trabajo como participación de su tarea creadora y como servicio a los hermanos y hermanas. Jesús, el carpintero (cf. Mc 6, 3) (…) recuerda que constituye una dimensión fundamental de la existencia del hombre en la tierra”.

Francisco pide en su “encíclica verde” que hay que elaborar “una ecología integral que no excluya al ser humano y para ello es indispensable incorporar el valor del trabajo, tan sabiamente desarrollado por san Juan Pablo II en su Encíclica Laborem exercens” (LSi, 124). "
No hablamos sólo del trabajo manual o del trabajo con la tierra, sino de cualquier actividad que implique alguna transformación de lo existente, desde la elaboración de un informe social hasta el diseño de un desarrollo tecnológico" (LSi, 125). "La calidad de vida humana (…) implica analizar el espacio donde transcurre la existencia de las personas (…) en nuestra habitación, en nuestra casa, en nuestro lugar de trabajo y en nuestro barrio" (LSi, 147).

Precisamente la idea madre del Concilio Vaticano II es estar todo fundamentado en la humanidad santísima del Señor y por eso dejó escrito Juan Pablo II en la Encíclica sobre la misericordia que "Pablo VI indicó en más de una ocasión la “civilización del amor” como fin al que deben tender los esfuerzos. En tal dirección nos conduce el Concilio cuando habla repetidas veces de la necesidad de hacer el mundo más humano” (DinM). Para eso se encarnó el Hijo de Dios. Eso es la redención que será definitiva en la otra vida, la vida eterna, pero que él empezó ya ahora en la Tierra y encarga a los cristianos que lo perpetúen a lo largo de los siglos y a lo ancho del planeta.

Por eso así empieza la Constitución pastoral Gaudium et spes (7-XII-1965): “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón” porque Dios se encarnó, se hizo hombre para redimir a la humanidad entera, para sanar lo humano estropeado por el pecado y esa es la tarea que le encarga a su Iglesia para perpetuar en la Tierra su obra redentora hasta que vuelva.

lunes, 12 de marzo de 2018

OTRO 13 DE MARZO

5º aniv de la elección del papa Francisco


Es el quinto aniversario de la elección del arzobispo de Buenos Aires, el Cardenal Jorge Mario Bergoglio, con 76 años (n 17-XII-1936), para suceder a Benedicto XVI que había anunciado el 11F dimitir del ejercicio del servicio petrino y lo hizo efectivo el 28F a las 20 h. El Cardenal curial Joseph Ratzinger (que acababa de cumplir 3 días antes 78 años) había sido elegido para suceder a Juan Pablo II el 19 de abril de 2005 y tomaba el nombre de Benedicto XVI. 

Por aquellos días leí un artículo de Carlos Medina Plascencia que venía a decir (a profetizar) que "está claro que el Papa Benedicto XVI no encabezará un movimiento de contrarreforma al papado dogmático de Karol Wojtyla, ni un Pontificado liberal en extremo aunque ahora, los guías del rebaño buscan incesantemente la descentralización del poder. Seguramente, generará las condiciones necesarias para que las reformas queden en manos de su sucesor. 

¿Acertó en su pronóstico? 
El Cardenal Bergoglio, al ser elegido sucesor del Papa emérito, tomó el nombre de Francisco, dejando boquiabiertos a toda la Iglesia y a los del mundo entero que seguían el evento de la fumata bianca.

Capilla de san Damián
Se produjo una avalancha de comentarios descifrando el por qué y el para qué tomaba ese nombre. Enseguida se recordó que Francisco, el de Asís, tuvo una visión del mismo Cristo y le pidió “repara mi iglesia que se está cayendo en ruinas”. Algunos querían entender que se trataba solo de la capilla destartalada de san Damián pero otra versión más abierta y sin prejuicios afirmaba que la Iglesia era con mayúscula, no con minúscula. Ya desde el primer momento en que Bergoglio apareció en el balcón para saludar a los presentes y a los millones que lo estuvieron viendo por la tele, se vio que algo iba a empezar a cambiar pues el tono al hablar era otro, sencillo, familiar, “campechano”, y había desechado los zapatos rojos que vestían los papas anteriores y se quedaba con los suyos, ortopédicos y negros.

Sorpresa, entusiasmo o mosqueo, según mentalidades, porque se cambiaba la cruz pectoral y el anillo de oro por plata. Y lo mismo cuando se fue en el bus con los demás cardenales a la residencia de Santa Marta, como había estado haciendo los días del Cónclave. Dejaba de vivir en los palacios pontificios de los que, más adelante, vino a decir que huía de aquella pompa y de aquellos locales en los que vivía uno pero podría vivir un puñado de familias. Se desprendió de todos los coches de lujo, gama alta, y se quedaba solo con un Ford "mondeo". Tuvo su “qué” el que saludara aquella noche del 13 de marzo de 2013, presentándose venido del fin del mundo: “Sabéis que el deber del cónclave era dar un obispo a Roma. Parece que mis hermanos Cardenales han ido a buscarlo casi al fin del mundo..., pero aquí estamos”. Sorprendió enormemente ese presentarse "venido del fin del mundo" pues se había especulado mucho con las profecías del monje medieval Malaquías ya que se identificaba a Benedicto XVI como el penúltimo de su lista (de gloria olivae) y por tanto Francisco debía ser “Pedro romano”, el último de la lista de Malaquías, o sea el último Papa de la Historia y, por eso el del fin del mundo.

En su primer documento “La alegría del Evangelio” (Evangelii gaudium, EvG) manifestaba la conciencia clara que tiene de la misión que le encomendaron los cardenales al elegirle en el Cónclave: “En su constante discernimiento, la Iglesia también puede llegar a reconocer costumbres propias no directamente ligadas al núcleo del Evangelio (…) No tengamos miedo de revisarlas” (EvG, 43). No sé si será quien cambie el concepto de Estado Vaticano, que renuncie a ser el rey Jefe de Estado y a la vez Jefe del gobierno, pero no hay duda de que ha cambiado radicalmente el estilo y ello es lógico por ser un pastor que “huele a oveja”, que pisa la calle, que está entre y con los hombres (varones y mujeres).

Desde el primer momento se puso a descentralizar la Iglesia, a liquidar el que la Santa Sede sea una maquinaria de poder y “carrierismo”, a eliminar el talante cortesano de los Cardenales y obispos, a pedir a los pastores (obispos o curas) que “huelan a oveja” porque están en medio del rebaño a ellos confiados.

Quiere con toda sencillez y sin tapujos ayudar a todos los fieles de la Iglesia, también los jerarcas o pastores pues no son infieles, a empezar a vivir las indicaciones del Espíritu Santo, a través del Concilio Vaticano II convocado por Juan XXIII y clausurado por Pablo VI.

Las indicaciones del Espíritu son claras y, entre otras, está recuperar el espíritu misionero o evangelizador de todos y cada uno de los bautizados, como los primeros cristianos; es poner en marcha y hacer corresponder a los compromisos bautismales a tod@s l@s bautizad@s. Hacer que la mujer en la Iglesia ocupe el lugar que Dios quiere y no estén solamente en tareas de servidumbre. Es tratar a todo el mundo con caridad verdadera que conlleva ternura y misericordia. Es desterrar la tendencia al fariseísmo de los que están prisioneros de la letra de la ley y cargan pesos pesados a “los de abajo” sin mover ellos un dedo. Es no estar fosilizados, con mentalidad atrofiada, cerril, a la defensiva. Es no tener enjaulado al Espíritu Santo…  Es impresionante y muy de agradecer el que no se ande con reduccionismo o tijeretazos y enseñe a ser sinceros y llegar a las últimas consecuencias de la fe. Así, por la caridad, hay que preocuparse realmente por los débiles y los pobres, hay que amar al prójimo con ternura porque son hijos de Dios y también hay que mimar las criaturas irracionales que son salidas de la mano de Dios. Cuidar el planeta, nuestra casa común, es una exigencia directa de la fe cristiana.

En la Encíclica ecológica “Alabado sea” (Laudato si, LSi) escribe que “el beato Papa Pablo VI se refirió a la problemática ecológica, presentándola como una crisis, que es «una consecuencia dramática» de la actividad descontrolada del ser humano (Octogesima adveniens, 21)" (LS, 4). San Juan Pablo II escribió que "toda pretensión de cuidar y mejorar el mundo supone cambios profundos en «los estilos de vida, los modelos de producción y de consumo, las estructuras consolidadas de poder que rigen hoy la sociedad» (Centesimus annus, 1991, 58)" (LS, 5).

En su último documento “La alegría de la verdad” (Veritatis gaudium, VG) recuerda que el Concilio Vaticano II, promoviendo con vigor y profecía la renovación de la vida de la Iglesia, recomendó una revisión fiel y creativa de los estudios eclesiásticos (cf Decreto Optatam totius, nn. 13-22) (cf VG, 1). En la homilía matutina del pasado lunes día 5, con ocasión del pasaje de la curación del general sirio Naamán y el comentario del propio Jesús sobre ese personaje, hablando en la sinagoga de su pueblo Nazaret, comentó que la Iglesia nos habla de la ‘conversión del pensamiento’: no de lo que pensamos, sino de cómo pensamos, del estilo de pensamiento.

Hay que reformar (para mejorar) estructuras, mentes, corazones, estudios, modos de pensar, la Liturgia, el trato ecuménico con todos los cristianos, el trato con todo ser humano de cualquier Filosofía, religión y también con los ateos y con los agnósticos. Etc., etc., etc.  Es una tarea apasionante y, como dejó escrito el Papa polaco Wojtyla, “nos hace temblar si nos fijamos en la debilidad, pero es posible si, expuestos a la luz de Cristo, sabemos abrirnos a su gracia” (NMI, 54).

sábado, 16 de diciembre de 2017

SOBRE LOS DIAS FESTIVOS

¿Reformar el calendario?



En diciembre –hay otros meses que también pasa algo parecido- con eso de ser festivo laboral el día de la Constitución, la Inmaculada y Navidad, se pueden hacer, como este año, no un puente sino un acueducto.

El día 6 cayó en miércoles y el 8 en viernes, así que “algún@s” pudieron tomarse vacaciones del viernes 1 al domingo 10.

En febrero del año pasado, la prensa anunciaba que la formación francesa de nuevo cuño, Terra Nova, cercana al Partido Socialista, ha elaborado un informe donde propone sustituir dos fiestas cristianas y cedérselas a una fiesta musulmana y otra judía. Sugiere suprimir el lunes de Pascua y el de Pentecostés, dos días de poca importancia para los cristianos, y sustituirlos por la fiesta judía Yom Kipur, que se celebra diez días después del Año Nuevo judío (mes de marzo-abril) y la fiesta musulmana Eid al-Adha, la fiesta del sacrificio del cordero, que se celebra entre septiembre y noviembre.

La reforma del calendario no es porque se considera a la Iglesia católica de capa caída o perseguida. No me parece de recibo que lo decida ella. Cristo, a pesar de su condición divina –dice san Pablo- no hizo alarde de su categoría de Dios y pasó como un hombre cualquiera, uno de tantos (cf Phil 2, 6-7). La Iglesia en su continua reforma tiene que eliminar esos defectos (algunos consolidados hace siglos) de estar en el candelero, creerse superior a los demás y monopolizar la vida civil. Todavía está la mentalidad (errónea) de la Edad Media en que un papa osó decretar que como lo espiritual es superior a lo material (lo cual es discutible), el poder espiritual de la Iglesia está por encima del poder civil de cada pueblo y de todos (!).

En el siglo XIX aparecieron esquemas de nuevos calendarios y en la primera mitad del siglo XX fue cuando más en serio se tomó la idea de modificar el calendario gregoriano. La Sociedad de Naciones tuvo durante catorce años el asunto de la reforma en su agenda, como también estuvo en la recién creada ONU.


Del final del segundo milenio, en la década de los noventa, publicaba la prensa una propuesta de alguien que proponía que todos los meses fueran de 28 días y con los que sobran se creara un decimotercer mes, entre agosto y septiembre, llamado mes vacacional.

La Constitución “Sacrosanctum concilium” sobre la reforma litúrgica en 1963 del Concilio Ecuménico Vaticano II, declara que no se opone a los diversos proyectos que se están elaborando para establecer el calendario perpetuo e introducirlo en la sociedad civil, con tal que conserven y garanticen la semana de siete días con el domingo, a no ser que se presenten razones gravísimas.

En 2012, la francesa Eva Joly, de origen noruego y del partido verde, propuso en su campaña electoral otorgarles un día festivo a los judíos y musulmanes para la celebración de sus fiestas más importantes.

En 2015, Ericka Bareigts, diputada del partido socialista de la isla de Reunión propuso que todos los departamentos franceses de ultramar respetaran las fiestas judías y musulmanas “para tener en cuenta la diversidad cultural, religiosa e histórica”. 

Opino que es una buena idea para facilitar el vivir en paz y armonía se piense como se piense, se crea en lo que se crea; se respete al que cree en algo.

En cambio el republicano Eric Ciotti, miembro de la Asamblea Nacional, aseguraba que “la identidad y la historia de Francia proviene de una tradición judeocristiana”. Lo de Ciotti suena bien pero mirándolo despacio puede ser una actitud cerril y fundamentalista como otras en boga y que hacen tanto daño.

El calendario juliano —que surgió en una sociedad pagana— pasó a ser el calendario del cristianismo cuando esta religión se convirtió en la predominante del imperio romano en el siglo IV. En el siglo III la Iglesia cristiana utilizaba un calendario lunisolar similar al judío, que pudo haberse convertido en el único del cristianismo.

En 1582 el papa Gregorio XIII reformaba el calendario juliano -ideado por Julio César en el año 46 aC- para conseguir que la fiesta de la Pascua se celebrara en la fecha en que estaba señalada desde, al menos, el siglo IV.

Al inicio de la segunda parte del siglo XX se hicieron ajustes en el calendario tanto civil como eclesial para “ponerse al día”, al menos en algunas cosas. Así se pasó la solemnidad religiosa del Corpus al domingo. De estos ajustes, soy partidario de unos cuantos más, tanto para evitar puentes y acueductos con fiestas tanto laborales como las religiosamente “de precepto”. Así propongo eliminar como festivo laboral el 1 de noviembre y pasar esa solemnidad religiosa de "Todos los santos" al primer domingo de noviembre. La solemnidad de la Inmaculada pasarla al primer sábado de diciembre y Navidad el último viernes de diciembre. Los reyes el domingo inmediatamente después de Navidad y así los niños podrán jugar varios días con los juguetes. En Valencia se viene discutiendo si se cambia la fiesta fallera de san José y en vez de ser cada año el día fijo 19 que sea en fin de semana.

Además de revisar fechas de fiestas laborales y religiosas a la vez, de puertas para dentro en la Iglesia, propongo estudiar también el reajuste del santoral pues salvo “cuatro” excepciones (Teresa de Calcuta, el Padre Pío, etc.), siguen celebrándose las memorias de much@s sant@s de la antigüedad y están olvidad@s los actuales, modernos, de nuestro tiempo. Por ejemplo, propongo formar un pack con los mártires romanos (Inés, Cecilia, etc.) que llenan buena parte del año y así igualarlos al pack reciente de los más de 100 mártires chinos o esa cantidad de vietnamitas o los japoneses que se celebran juntos, en un solo día. Juan Pablo II canonizó a más de 400 sant@s y casi nadie los conoce y no hay demasiado interés en ello. Ahora el papa argentino ha sobrepasado en este sentido al papa polaco, y en solo 4 años, mientras aquel estuvo más de 25 años.

La ingente cantidad de sant@s no europe@s que, gracias a Dios, empiezan a canonizarse, conllevará también a tener que aglutinar por ejemplo los apóstoles por un lado, los obispos por otro, los fundadores por otro, los del mundo sanitario, del mundo educacional, del mundo del deporte, etc.

A lo largo de la historia ha habido reformas o retoques del calendario, así que la pregunta es obvia: ¿por qué no se puede seguir haciéndose retoques o reformas para mejorar?

miércoles, 2 de noviembre de 2016

SOBRE LOS DIFUNTOS

¿Qué hago con las cenizas?



Francisco celebra exequias por un cardenal
Noviembre es llamado en el occidente católico el mes de los difuntos porque el día 2 se conmemora a los fieles difuntos. Juan Pablo II, en el milenario de esta conmemoración, recordó que san Odilón, 5º abad de Cluny, fue el primero a quien, en 998, se le ocurrió celebrar tal memoria para los suyos de la Orden benedictina. Tres siglos después fue aceptada en Roma y propagada por toda la Iglesia.

La Iglesia reza y ofrece sufragios por las personas difuntas, no todas. Solo por aquellas que, por falta de purificación total en esta vida, no han podido aún entrar en el banquete celestial y están preparándose en el estado de vida llamado purgatorio. 

En cualquier caso es una estupenda y fácil obra de misericordia incluir a los no cristianos, aquellos que no tienen a nadie en la tierra que rece por ellos como ha hecho hoy el papa Francisco con la misa celebrada en el cementerio romano "Prima porta".

Antes del cristianismo, los llamados paganos deshojaban rosas y tejían guirnaldas para los difuntos. Los cristianos ofrecen sufragios, o sea oraciones, sacrificios, indulgencias, limosnas y estipendios. El dinero que no falte.

Conviene enseñar el error conceptual de la expresión frecuente de oír, por ejemplo, que “ahí están enterrados mis padres” pues en cada nicho o en cada urna no hay nadie. Con la muerte no se encierran a papá y mamá en un “armario” o cuarto oscuro.

La reciente Instrucción de la Congregación de la Doctrina de la Fe (CDF) Ad resurgendum cum Christo acerca de la sepultura de los difuntos y la conservación de las cenizas en caso de cremación pone de manifiesto, una vez más, la necesidad de actualizar las cosas para mejorar y hacer creíble la fe católica en el momento actual, aunque encuentra (como siempre) resistencias en algunos organismos pontificios.

La cremación es una práctica antiquísima que se conoce ya en el Mediterráneo desde el Neolítico aunque durante el posterior dominio de los semitas, allá por el tercer milenio aC, se fue dejando de hacer.

En el Antiguo Oriente Próximo se practicó con amplitud aunque solamente por necesidad en tiempos de plagas. Los babilonios embalsamaban a sus muertos y los persas de la religión de Zoroastro castigaban con la pena capital a todo aquel que intentaba la cremación.

La cremación en la India es atestiguada ya hacia el 1900 aC en que puede considerarse como la etapa formativa de la civilización con los Veda.

La cremación fue común, pero no universal, tanto en Grecia como en Roma donde, según cuenta Cicerón, fue considerada como un rito arcaico.

El cristianismo reprobó la cremación en su intento de abolir los rituales paganos grecorromanos. Hacia el siglo V dC, la cremación había desaparecido de Europa.

Juana de Arco ejecutada en la hoguera
Pero en la Edad Media fue utilizada por la Iglesia como castigo a los herejes como se hizo, por ejemplo, con el inglés Wiclef en 1384 y cuyas cenizas fueron echadas al río, o el checo Juan Hus quemado en la hoguera en 1415. En 1441 Juana de Arco.

Tras la II GM, los cadáveres de los 12 condenados y ajusticiados por sus crímenes contra la Humanidad en los juicios de Nuremberg fueron cremados y las cenizas echadas a un lugar secreto. En cambio en Japón se permitió guardar en una construcción “ad hoc” (para el caso) las cenizas de la cremación de los criminales de guerra ejecutados.

La cremación la sostienen los que tienen sentido común, aunque no tengan un doctorado en Teología, ya que, entre otras cosas, es una medida incluso higiénica de verdad.

Llama la atención ver que actualmente hay cada vez más templos (parroquiales o no) que se construyen o se reforman para hacer un “columbario”, capilla cementerio para tener ahí las urnas en un santo lugar ya que oficialmente las cenizas no se pueden dispersar por la Naturaleza ni guardar en casa ni convertirlas en “joyas” incrustadas en pulseras, cadenas, etc. Se tiende a que los nichos para las urnas se alquilen para unas cuantas décadas (no se dejan comprar) pues ya se ve que son una suculenta fuente de ingresos.

Al igual que se venían diciendo barbaridades sobre los principios de la creación, del mundo y de los hombres, y que ya corrigió el papa polaco Wojtyla, también se dan barbaridades para explicar lo que es el final, tanto individual con la muerte como el final colectivo del (mal) llamado fin del mundo puesto que no tendrá final alguno. Lo revelado por Dios mismo es que será transformado, será un cielo nuevo y una tierra nueva, ni más ni menos.

Las cenizas en Estados Unidos (que son modelo de casi nada) pueden ser dispersadas en parques nacionales a través de un permiso especial. 

Por su parte el hinduismo obliga al familiar masculino más cercano (hijo, esposo, padre) del difunto el sumergir las cenizas en el río sagrado del Ganges, preferentemente en la ciudad india sagrada de Haridwar. Los restos cremados pueden también ser sepultados, en caso de que se tratara de una persona bien conocida porque en la cremación quedan restos del cadáver incinerado que se mezclarían con los del siguiente.

En Japón y Taiwán las cenizas y los fragmentos de hueso que puedan quedar son entregados a la familia y se usan en un ritual funerario antes de ser sepultados.

¿Qué hago yo con las cenizas de los míos? Lo que me diga el sentido común y mi fe en cada momento.

Hay que andar con cuidado con algunas “tradiciones religiosas populares” que están tergiversadas y planteadas a veces con mala idea.

Así la "Santa Muerte" es una falsa devoción difundida en distintos lugares de México y otros países de América Latina. Es representada con una calavera adornada, según el gusto personal de los adeptos. Narcotraficantes, delincuentes, ex convictos o secuestradores se acercan a esta controvertida imagen para pedir por el éxito de sus delitos. Este culto blasfemo también está vinculado a prácticas de brujería. En el 2012, integrantes de la secta degollaron en Sonora (México) a dos niños de 6 y 7 años, como ritual de sacrificio dedicado a la “Santa Muerte” que según los sitios se llama de una manera o de otra como “San La Muerte”, “Señor de la Buena Muerte”, “San Esqueleto”, etc.

domingo, 18 de septiembre de 2016

LOS NUNCIOS CON FRANCISCO

Celebrando su Jubileo de la Misericordia


Los Nuncios celebran su Jubileo de la Misericordia
Con 106 nuncios el sábado 17 sept 2016, cuando celebraban en Roma su Jubileo del Año de la Misericordia. Francisco les dijo que “la sede de la Nunciatura Apostólica debe ser verdaderamente la Casa del Papa, no sólo por la tradicional fiesta anual, sino como lugar permanente, donde toda la compañía eclesial pueda encontrar apoyo y consejo (…) Vigilen que la Nunciatura no se vuelva refugio de los amigos y de los amigos de amigos. Huyan de los chismosos y arribistas".

En la homilía de la misa matutina en santa Marta ya les dijo algo y en el discurso en la sala Clementina, Francisco invitó a los diplomáticos vaticanos a "perder tiempo con los obispos, curas, religiosos y fieles, para escuchar, enviar mensajes, conocer problemas, lo que no es una elaborada estrategia para recoger informaciones y manipular la realidad o las personas sino una actitud de un diplomático de carrera pero también de un pastor capaz de dar testimonio de Jesús (…) Nunca hay que alinearse con batallas ideológicas o políticas porque la vigencia de la Iglesia no depende de las plazas o salones sino de la fidelidad al Señor".

En línea con la Exhortación apostólica Evangelii Gaudium, Francisco les animó a "salir para verificar que la Iglesia se encuentre ‘en salida', ayudando a los obispos, a la cualificación del clero, con presencia concreta (…) La Iglesia necesita testimonios del Resucitado y no portadores de currículo (…) pastores y no funcionarios".

Los Nuncios tienen rango de embajadores porque son representantes del Estado-Ciudad Vaticano y suelen ser arzobispos. En bastantes países son el decano del cuerpo diplomático de ese país o nación. El Estado Vaticano es una estructura teocrática absoluta incluso en este “detalle” en que los diplomáticos son solo eclesiásticos y no cabe (por ahora) re-plantearse el que puedan (y deban) ser laicos, simples bautizados con esa profesión diplomática.
Consta que en España hubo Nuncio desde 1577, en Francia en 1583. En USA en 1893 y en la Federación Rusa en 1994. Con el Reino Unido se restableció la relación diplomática en 1982, interrumpidas desde Enrique VIII, hacía 447 años.
Los Estados Pontificios a finales del XVI
Parece ser que ya en el siglo cuarto, mucho antes del establecimiento de los Estados pontificios (en sentido estricto), los Romanos Pontífices, como cabeza de la Santa Sede y por lo tanto de la Iglesia Católica (lo cual es un error si la Iglesia es el pueblo de Dios), solían enviar a sus emisarios, no sólo a otras autoridades locales de la Iglesia y a los Concilios Ecuménicos o locales, sino también a las autoridades civiles.
Las actuales estructuras vaticanas, diocesanas, etc., no son algo divino intocable; no son indicaciones de Cristo ni de los apóstoles y a lo largo de los siglos se las ha ido cambiando para hacerlas a la necesidad o al gusto de cada época.

Sólo a partir del siglo XV los embajadores se convirtieron en representantes permanentes de un Estado soberano como ocurrió en Milán y Venecia en 1458.
Cuando fue elegido Juan Pablo II en 1978 había relaciones con 89 países pues Pablo VI las incrementó a esa cantidad desde las 50 que encontró al ser elegido para suceder a Juan XXIII. Hoy son relaciones con 180 estados.

El Cuerpo diplomático y el papa
Aunque la tarea de los enviados papales a los diversos países es de muchos siglos atrás, sin embargo lo del rango de embajadores es algo novedoso que no había existido nunca hasta 1815 en el Congreso de Viena (ayer tarde). Luego en 1961 la Convención también en Viena mantuvo el privilegio de ser los decanos en ciertos países.

Alumnos de la Pontificia Academia Eclesiástica
La Pontificia Academia Eclesiástica que forma a los futuros nuncios, siempre clérigos (hoy por hoy), se erigió en 1701 (antes de ayer por la tarde). Allí donde no hay relación diplomática entre un Estado y el Vaticano, el papel del nuncio lo realiza el llamado Delegado apostólico aunque no goza de inmunidad diplomática ni de ninguna otra prerrogativa o privilegio.

Hoy el Vaticano es una Estado - Ciudad desde el principio del siglo XX (ayer noche) cuando se recuperó un poquito de territorio tras la pérdida de los estados pontificios en tiempos de Pío IX. Históricamente habían sido unos cuantos estados italianos desde el año 756 aunque, como no existe la generación espontánea, todo procede de algo pequeño y anterior sembrado sin la apariencia que tendrá al irse desarrollando como ocurre con las semillas y la planta o árbol que brota de ella.

Ya en enero de 2010 colgué un post sobre si el Vaticano debe seguir siendo o no un estado porque en 2009 se celebró el 80 aniversario del Estado-Ciudad y Correos vaticano editó un sello con los siete papa que desde 1922 han sido los jefes de Estado.

cuadro de la Donación de Constantino
Constituida la diócesis (que decimos hoy) de Roma, su obispo fue recibiendo donaciones de terrenos y edificios. Lo triste es que aceptara los regalos. Las primeras posesiones se las llamó Patrimonio de san Pedro. Ya Constantino regaló al papa “entonces reinante” Silvestre el palacio lateranense aunque no era suyo sino de su mujer.

En el 554, el emperador Justiniano, con la Pragmática Sanción, confería prerrogativas civiles y políticas al papa, cosa que nunca antes había ocurrido. Luego se le permitió además formar una fuerza militar, constituyendo un respetable ejército y el papa pasó a ser (nunca antes visto) pontífice-caudillo. ¡Cuán lejos iba quedando el Evangelio!

Entonces bastantes papas procedían de las clases dominantes romanas y simultaneaban el mando en la Iglesia y el de gobernador civil. Un ejemplo notorio es san Ambrosio, arzobispo en Milán (+397), hijo del gobernador del sur de Francia, fue gobernador en el norte de Italia, la Emilia y Liguria, con sede en Milán y fue allí aclamado obispo sin estar bautizado. Luego el papa san Gregorio I, llamado el magno (590-604), que procedía de familia de patricios. Todo el gran patrimonio de fincas en varios lugares de Italia que heredó de su padre lo convirtió en monasterios que serán las semillas de los futuros aunque no muy lejanos Estados pontificios en buena parte de la península itálica. Todavía en el siglo XVII san Juan de Ribera (+1611), hijo del virrey de Nápoles, fue a la vez el obispo de Valencia y virrey de Valencia.

El nombre legal de Estados pontificios se debe al papa Esteban II al empezar la segunda mitad del siglo VIII (hacia el 756) y todo por razones políticas entre Occidente y el oriental Imperio bizantino. Nada que ver con el Evangelio y con la misión de la Iglesia fundada por Cristo.

Esteban II (no te lo pierdas) exhibió un documento convenientemente falsificado por la Curia romana llamado luego «Donación de Constantino». Según este simulado protocolo (de cuya falsedad hoy no existe ninguna duda, pues ya quedó demostrada en el siglo XV), Constantino habría cedido al papa Silvestre I, para sí y sus sucesores, no ya el palacio de Letrán, lo que en efecto hizo, sino la posesión de toda Italia y la dignidad imperial. Pipino no cayó en la trampa de la ambición papal.

Actual plano de la ciudad Vaticano
El papa Inocencio III (1198-1216) dio un impulso decisivo a la consolidación y engrandecimiento de los Estados Pontificios. Sometió definitivamente al estamento municipal romano, privó de poderes al senado de la urbe y recuperó el pleno dominio de aquellos territorios pertenecientes al Patrimonio de san Pedro que el emperador había entregado a mandatarios germánicos. Por la fuerza de las armas, precedida de la excomunión eclesiástica, incautó los territorios en litigio que habían constituido las posesiones de la condesa Matilde de Toscana y que, presumiblemente, habían sido legados como herencia a la Santa Sede.

Tal como entiendo la fidelidad a Cristo, no me basta que la llamada Santa Sede se haya instalado en una ciudad-estado, y detesto el presumir de ser la más pequeña del mundo con sus 44 ha dentro de Roma.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

ACERCA DE LOS CARDENALES


Para final de este año 2016 el número cardenales electores será solo de 107, pues habrán cumplido 80 años –la edad límite para participar en el cónclave– Jaime Lucas Ortega y Alamino, Arzobispo Emérito de La Habana; Nicolás de Jesús López Rodríguez, Arzobispo Emérito de Santo Domingo; Antonio María Rouco Varela, Arzobispo Emérito de Madrid; Ennio Antonelli, Presidente Emérito del Pontificio Consejo para la Familia; y Théodore-Adrien Sarr, Arzobispo Emérito de Dakar.

Con este descenso, están apareciendo voces que profetizan fecha y listado del próximo consistorio que debería convocar Francisco para completar el número usual de electores de 120, según estableció Pablo VI. Las fechas podrían ser a mediados de octubre, en el marco de la clausura del Jubileo de la Misericordia; o el clásico 22 de febrero, cuando se celebra la fiesta de la Cátedra de San Pedro.

Audrys Juozas
En febrero, habrá otros dos cardenales más que habrán llegado a los 80 años: Audrys Juozas Backis, Arzobispo Emérito de Vilna (Lituania); y Raymundo Damasceno Assis, Arzobispo de Aparecida (Brasil). Así que serían 15 posibles capelos cardenalicios.

Lo de los cardenales fue una semilla que plantó el papa san Fabián que fue elegido –cuenta Eusebio de Cesarea- siendo laico y fue mártir en el año 250. A él se le ocurrió la novedad de distribuir lo que hoy llamamos diócesis de Roma en siete zonas encomendadas a diáconos y que dieron pie al actual colegio cardenalicio. Hoy siguen siendo algunos de ellos protocolariamente diáconos, junto a los otros que se tienen etiquetados protocolariamente por presbíteros y por obispos. Hasta Pablo VI había cardenales laicos; él decretó que todos fueran de hecho obispos aunque en el protocolo siguen las tres clases que, entre otras cosas, ayuda a poner las sillas de unos detrás de los otros. Delante los epíscopos y en tercera fila los diáconos.

El Colegio Cardenalicio nunca debió suplantar al Colegio Apostólico que forman los sucesores de los apóstoles, los obispos. En su momento, la institución en Roma del antiguo Senado romano apareció como una revolución en la praxis y se fundaba en razones políticas. En el siglo VIII se llamaron cardenales a los sacerdotes del clero catedralicio que actuaban como senado o consejo del obispo de Roma.

Juan VIII (872-882) reorganizó ese Consistorio y luego León IX (1049-1054) les otorgó la facultad exclusiva de elegir Pontífice que hasta entonces no era privilegio de nadie, sino del pueblo fiel romano. Luego otorgó a dos de esos cardenales ciertos poderes durante la sede vacante (hoy perdura en uno llamado Camarlengo). Nicolás II (1059-1061) restringió el privilegio de elegir Papa para los cardenales con rango de obispo, aunque Alejandro III (1159-1181) lo volvería a dejar como antes, haciéndolo extensivo a todos ellos, incluso laicos.

Sixto V
Los cardenales, para trabajar a sus anchas, se desengancharon del Consistorio romano organizándose en las actuales Congregaciones Vaticanas (Santa Sede). Será Sixto V en el siglo 16 quien decretó que el número de cardenales fuera 70 y que duró hasta Juan XXIII quien, como algo necesario para el bien de la unidad y de la catolicidad, amplió en 1958 el número. Hoy son 120 y ya Juan Pablo II y ahora Francisco buscan hacer reales la catolicidad, o sea la universalidad y que se vayan equilibrando los cardenales del mundo entero y no sea la mayoría de europeos y la mitad de ellos italianos.

En la Historia de la Iglesia se ve que ha habido miles de señores eclesiásticos del capelo cardenalicio pero pocos están en el santoral y sirven hoy de modelo o de estímulo para vivir la plenitud de la condición cristiana. Del santoral solo sé sacar 17, muy pocos, y los conocidos hoy día se cuentan con los dedos de una mano. El listado lo ordeno por orden cronológico.

        Pedro (siglo no conocido) benedictino, obispo de Albano y cardenal al que se le llamaba “ígneo” pues pasó incólume por entre las llamas.
        Pedro Damiani (+1072 con 65 años), camaldulense, obispo de Ostia y cardenal. Se le ocurrió dedicar el sábado a la Virgen. Era partidario de la estrecha alianza de la Iglesia (el papa) con el poder temporal. Benedicto XVI recordó que tras 10 años de obispo, en 1067 renunció al cargo episcopal para regresar a su monasterio.
        Gregorio (+1040), benedictino llegó a ser abad; luego cardenal y obispo de Ostia. Vivió un tiempo en Navarra como legado pontificio; fue su paje y discípulo de Domingo de la Calzada.
        Bernardo (+1133), benedictino, obispo de Parma, cardenal. Convenció a Bernardo de Claraval para estar de parte de Inocencio II frente a Anacleto II.
        Guarino (+1158 con 78 años) cardenal y obispo de Palestrina; siendo sacerdote ingresó en la abadía de Mortara.
        Galdino (+1176 con 76 años), obispo de Milán, cardenal, reconstruyó Milán arrasada por Federico Barbarroja.
        Ramón nonato (+1240 con 40 años) de la recién fundada Orden de los Mercedarios. Murió en Cardona, de viaje a Roma para ser investido cardenal.
       Buenaventura (+1274 con 57 años), franciscano. Fue arzobispo de Albano y cuando en el 73 fueron a avisarle de su nombramiento como cardenal, estaba en la cocina fregando los platos sucios y dijo que le colgaran el capello en un clavo en la pared.
        Juan Dominici (+1420 con 70 años), beato, dominico. Gregorio XII, del que fue confesor y consejero, le consagró obispo de Ragusa, Cardenal y Legado pontificio en Bohemia y Hungría para contener a los husitas. Murió en Buda, Hungría.
        Juan Fisher (+1535 con 66 años), obispo de Rochester, canciller de la universidad de Cambrige, cardenal, confesor de Catalina de Aragón, esposa de Enrique VIII. Decapitado rezando el Te Deum nueve días antes que Tomás Moro.
        Carlos Borromeo (+1584 con 46 años). Su tío, el papa Pío IV le hizo cardenal y Secretario de Estado a los 22 años. Vendió todos los lujos del palacio episcopal para darlo a los pobres. Se durmió en el Señor diciendo: “Ya voy, Señor, ya voy”.
        Felipe Neri (+1595 con 80 años), sacerdote fundador del Oratorio de Roma una Institución original de sacerdotes regulares que viven en comunidad sin votos especiales. No quiso ser obispo ni cardenal.
       Roberto Belarmino (+1621 con 79 años), jesuita, cardenal, obispo de Capua, un santo incómodo. Teólogo particular del papa y así y todo criticó los límites del poder temporal del papa, viviendo la evangélica corrección fraterna. "En la Iglesia de Dios no hay quien le iguale en saber", dijo de él el Papa al hacerle Cardenal. Repartía todo lo que tenía, incluso las cortinas diciendo que las paredes no tienen frío. Benedicto XVI habló de él destacando su concepción de la Iglesia sin dar cortes ni ser agresivo ante las propuestas de la Reforma luterana.
        Gregorio Barbarigo (+1697 con 72 años), obispo de Bérgamo y cardenal. Siendo secretario del embajador veneciano, asistió a la firma de la paz de Westfalia.
Giuseppe Maria Tomassi (+1713 con 64 años) teatino, cardenal, obispo. Príncipe de Lampedusa y duque de Palma de Montechiaro. Se le consideraba como un nuevo san Carlos Borromeo, fue canonizado por Juan Pablo II en 1986. Su cuerpo está incorrupto.
        John Henry Newman (+1890 con 89 años), beato, cardenal, ilustre converso inglés, filósofo del Movimiento de Oxford, puede ser el responsable de la conversión de Chesterton y Ronald Knox. La madre de JRR Tolkien, antes de morir se había convertido al catolicismo y dejó a su hijo en manos del sacerdote católico Xavier Morgan, un discípulo de Newman.