domingo, 8 de abril de 2018

LO SAGRADO Y LO PROFANO

El estilo de Jesús de Nazaret



Contemplando estas semanas los momentos de la vida de Jesús resucitado, me he quedado “enganchado” con la tercera aparición, junto al lago, a 7 (Jn 21, 2) y no a los Doce. Con lo importante y trascendental para la Historia que es la resurrección de Jesús, resulta que se aparece junto a la orilla y les tiene preparadas unas brasas, un pez, y les dice: ¡vamos, almorzad! (Jn 21, 12).

El mismo domingo de la resurrección, camina con los dos que se regresan a Emaús, acepta la invitación de quedarse con ellos para pasar la noche, y se sienta a la mesa donde parte el pan que sirve para que le reconozcan.

Cuando han vuelto al Cenáculo corriendo para contar lo que les ha pasado, Jesús resucitado entra en el aposento de la parte alta de la casa y se aparece a los Once cuando estaban a la mesa. Bueno, los Once y más que habría pues han regresado los dos de Emaús, están las mujeres con María, su madre, y estarían muchos más discípulos (quizá no los otros 72), escondidos por miedo a los judíos.

Ni incienso, ni catedrales, ni ceremonias ni bombos y platillos… todo normal como la vida misma. Veo que es una actitud constante del Dios hecho hombre al rebobinar hacia atrás en su vida y llegar a Belén, donde nació y a Nazaret donde fue concebido.

¿Hay en Jesús algo sagrado como dicen los curas o es todo profano? Jesús echa por tierra las barreras sagradas de Israel que levantaron los sumos sacerdotes, los ancianos del templo, los fariseos…, la “crem” espiritual del pueblo de Israel.

Lo sagrado subordina y discrimina, en contra de la voluntad de Jesús, que quiso para sus discípulos igualdad y fraternidad. Jesús luchó, empleándose a fondo, con valentía, las muchas injusticias en el ámbito religioso de su pueblo, el pueblo de Dios. Parece claro que lo que enseña Jesús no es una religión más, sino un estilo nuevo de vida.

En las diversas religiones, también el judaísmo del Antiguo Testamento, se ve que lo sagrado surge para aplacar al Ser supremo, desconocido y terrible, que vive en un mundo desconocido e inalcanzable. El pueblo de Israel creía que penetrar en la esfera divina, acarreaba la muerte. Parece evidente que lo sagrado es de creación humana y se ha ido implantando en las diversas sociedades, a través de sistemas religiosos.

El Ángel del Señor anuncia a María, apareciéndose en su casa de Nazaret. Una casa y no en un templo y Nazaret está en Galilea, lejos (algo más de cien km) de los lugares y las instituciones sagradas de Israel. Es llamada tierra de los gentiles, o sea paganos.

Tampoco estamos en el ámbito de lo sagrado, sino de lo profano, cuando contemplamos la escena del nacimiento de Jesús: el decreto de César Augusto, el pesebre donde nace Jesús, la aldea de Belén, los pastores... (Lc 2, 1-20).

También en la primera que se presenta Jesús en público, lo hace con sus primeros discípulos, 4 ó 5 buscados junto al lago de Tiberíades o de Genesaret, en la boda de Caná, que es una boda cualquiera, de alegría y felicidad; no falta el vino (Jn 2, 1-11). Nada sagrado en el ambiente.

Jesús denuncia con fuerza el abuso y la corrupción de lo sagrado pues los instalados en el templo comerciaban con todo lo sagrado, cometiendo auténtico fraude (Jn 2, 13-22). La novedad radical de Jesús está relacionada directamente con la abolición de lo sagrado y se ha hecho hombre Redentor para restaurar la normalidad de lo profano, de la vida de todo ser humano.

Jesús se aplica el pasaje de Isaías (61, 1-2), indicando así que ha sido enviado para liberar, que es uno de los principios fundamentales del reinado de Dios. Dios hecho hombre y no ha venido a esclavizar, a pasar el rodillo, a condenar.

El leproso (Mc 1, 39-45) es prototipo de la marginación religiosa y civil y al acercarse a Jesús está infringiendo la Ley de Moisés. Jesús al tocarlo y decirle, quiero, queda limpio, ¿también peca? Jesús no realiza ningún rito de carácter religioso como nunca lo hizo para curar a ninguno de los muchísimos enfermos que curó; debieron ser muchos cientos, varios miles.

La dicotomía sagrado-profano ha causado muchos sufrimientos, lo cual no tiene nada que ver con el reinado de Dios, inaugurado por Jesús. Decir "fuera de la Iglesia no hay salvación" es una afirmación excluyente que ha atentado contra el proyecto del Dios de Jesús. La inventó san Fulgencio (+532 con 65 años) obispo de Ruspe (Túnez). De laico fue recaudador de impuestos para los vándalos en el norte de África; luego, con 22 años, se hizo monje agustino. Era de carácter duro que hoy se diría fundamentalista y siempre llevaba un traje desteñido y nunca comió carne.

La distinción entre clérigos y laicos, establecida desde hace siglos se fundamenta en esta misma dicotomía, lo sagrado -los clérigos-, y lo profano -los laicos-, rechazada por Jesús como algo aberrante y pernicioso para la gente. Hoy la Jerarquía sigue teniendo muy claro que es sagrada y que ostenta todo el poder sagrado; el resto de los creyentes son laicos y deben sumisión total a la Jerarquía. Reconozco que no pocas veces me viene la tentación, al leer los evangelios, decirme: Reverendísimo, Eminentisímo y ilustrísimo señor Jesús de Nazaret… que dijo a Don Pedro, Don Juan y Don Santiago…
El papa Francisco arremete contra el clericalismo que describe como un cáncer en la Iglesia.

Todo ser humano es "sagrado" por creación, está "hecho a imagen y semejanza de Dios" (Génesis 1, 27). Lo sagrado no le sobreviene por un rito o ceremonia religiosa. El mismo Jesús, como José y María, son personas normales, laicas, seculares, no consagrados o sagrados y, como ellos, somos el resto de los mortales.

Jesús suele predicar en ámbitos profanos, laicales, seculares como la casa de Cafarnaún, la montaña, junto al lago de Galilea, sobre una barca, etc.

En la Iglesia se ha tenido más en cuenta sus propias tradiciones, leyes y normas, que fueron dando lugar al Código de Derecho Canónico, que el Evangelio para elaborar su teología. Como los fariseos, están enganchados a las tradiciones de sus mayores, que, irónicamente, han elaborado ellos para sus intereses personales o de cuerpo.

Otro ejemplo de algo alejado del estilo de Jesús es la celebración de la Eucaristía que se ha ido desvirtuando, porque se ha ido percibiendo como un rito sagrado de carácter hierático, muy lejos de celebrarse en un cenáculo, muy lejos de estar recostados a la mesa cenando, etc. Tomad y bebed, dice Jesús, y resulta que ha estado prohibido beber el cáliz durante muchos siglos y quien proponía hacerlo, fue quemado en la hoguera checa. La discusión recientemente suscitada es si es “por muchos” o “por todos”.

En las dos escenas de los panes (Mc 6, 34-44; 8, 1-10), que prefiguran la Eucaristía, todo tiene lugar al aire libre, no en lugar sagrado. La bendición (Mc 6, 40) y la acción de gracias (Mc 8, 6), que pronuncia Jesús, no constituyen consagración alguna de los panes y rehúsa cualquier tipo de exaltación, rango o dignidad especiales para su persona. Estos episodios anticipan el significado de la Eucaristía, siempre en un ambiente profano, al margen de lo sagrado.

El cristianismo no debe funcionar como una religión más porque el Dios de los cristianos es el mismo Dios de los demás pueblos de la tierra.

Dice san Pablo: “os exhorto, hermanos, a que ofrezcáis vuestra propia existencia como sacrificio vivo, consagrado, agradable a Dios, como vuestro culto auténtico" (Rom 12, 2).

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