¿Dónde
está el nacido rey de los judíos?

Cada 6 de enero es la fiesta de los llamados "reyes magos", es la Epifanía del Señor que quiere decir "manifestación", iluminación. Se celebra la manifestación de Dios a todos los hombres del mundo, a todas las regiones de la tierra, representadas en esos “reyes magos”. Esta fiesta es una tradición desde el siglo II y que al principio celebraba unida con el nacimiento y el bautismo de Jesús.

También se quiere ver a las tres Personas divinas de la Stma. Trinidad y se quiere además representar el pasado, el presente y el futuro con la edad de cada rey mago: uno anciano, uno maduro y otro joven. Ya en el siglo II dC, se hablaba de los “Reyes Magos”.


Herodes -el poder temporal- se inquietó sin detenerse a pensar, a escuchar,
a consultar y a discernir que ese rey nacido no era la competencia. Ahora es un
niño recién nacido, indefenso al que quiere matar asesinando a todos los bebés
de la comarca de Belén de dos años para abajo. El hombre, como en la primera
hora Adán y Eva, está siempre tentado de pensar que Dios es su rival y lo mejor
es acabar con Él.
Desgraciadamente, por otro lado, no pocos, en el otro extremo del
péndulo, creen que efectivamente es rey temporal -no faltaría más- y en nombre
de Dios, e investidos de poder por la misma divinidad –dicen-, han matado a
diestra y siniestra, incluso inocentes.
Ese niño-Dios recién nacido, ha venido a la tierra desde el cielo
para traernos la paz y enseñarnos a vivir en paz. ¡Cuán lejos estamos!
El papa Francisco se ha referido “miles de veces” a la violencia
existente y parece que estamos en la tercera guerra mundial aunque hecha a
trozos.
En una homilía matinal en santa Marta, decía: “Pensad en los niños hambrientos de
los campamentos de refugiados… Este es el fruto de la guerra. Y pensad en las
fiestas que celebran los que fabrican las armas, esas que terminan allí (…) Si
tuviésemos la paciencia de hacer una lista con todas las guerras que en este
momento hay en el mundo, podríamos llenar varios folios”.
A vuela pluma y con paciencia puede calcularse los muertos en el
siglo XX que fueron unos 360 millones o los del año que ha terminado, 2016. En julio pasado de 2016, a bordo del avión de regreso
de la JMJ habida en Cracovia, insistió Francisco en que el mundo está en
guerra. “Hablo en serio de una guerra, una guerra de
intereses, por dinero, por los recursos de la naturaleza, por el dominio de los
pueblos. Pero no es
una guerra de religiones, porque todas las religiones quieren la paz".
En el balcón de la basílica de san Pedro, antes de dar la
bendición urbi et orbi, como cada año el día de Navidad, hizo un repaso (no
exhaustivo) de lo que durante 2016 ha habido en el planeta Tierra: Varias
regiones africanas como Nigeria, Sudán del sur, república del Congo. Y otros
lugares como Ucrania oriental, Colombia, Venezuela, Siria (Alepo), etc.
Cabe
recordar los 470 mil muertos en la guerra de Siria en estos 5 años últimos (un
27% son niños) y 11 millones los obligados a abandonar sus hogares y emigrar
dentro del país o fuera (5 millones). El conflicto armado en Colombia ha
proporcionado casi 220 mil muertos. El conflicto en Darfur lleva contabilizados
450 mil; la guerra civil en Costa de Marfil lleva otros 400 mil; la de Uganda
312 mil; la de Somalia llega casi al millón. Etc.
En una ocasión, visitando el papa Francisco dos cementerios
en el nordeste de Italia, allí donde se inició la Gran Guerra y del que se
conmemoraba el centenario, criticó también la indiferencia instalada en la
sociedad, que ilustró con la respuesta con la que Caín negó ante Dios conocer
el paradero de su hermano asesinado: "A mí qué me importa".
El mundo está en guerra pero también la sociedad eclesial aunque
sea “guerra fría” con peleas doctrinales, litúrgicas, canónicas, etc. Ojalá
estuviera por aquí ahora san Pablo para hacer la corrección fraterna como hizo
a los de Corinto a los que hoy presumen también de ser de Pablo, de Apolo, de
Cefas, de Cristo (cf 1Cor 1, 12).

Se cuenta que san Afraates,
anacoreta que falleció en 378, fue un persa que, siguiendo las huellas de los
magos, fue a Belén donde encontró la fe en Cristo. Abandonó sus riquezas y
vivió en una casita en Edesa de Mesopotamia y cuando la persecución de Valente,
se fue a Antioquía enfrentándose al emperador en persona. Algunos lo
identifican con “el sabio persa”, el escritor (29 enero).

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